El cannabis, milenario y versátil, es hoy por hoy la base de cientos de productos que atraviesan varias industrias, más de las que probablemente se tengan en el imaginario y tantas como posibles combinaciones permiten sus beneficios y la creatividad de sus productores y transformadores

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El cannabis, milenario y versátil, es hoy por hoy la base de cientos de productos que atraviesan varias industrias, más de las que probablemente se tengan en el imaginario y tantas como posibles combinaciones permiten sus beneficios y la creatividad de sus productores y transformadores. Pero aún así, Colombia, país privilegiado para su producción y transformación, podría decirse que apenas se encuentra en desarrollo en este mercado y que, pese a las múltiples posibilidades que ofrece en materia de exportación, por ejemplo, su consolidación aún precisa tiempo. Javier Hasse, CEO de El Planteo, director ejecutivo en Benzinga Cannabis y autor ‘best-seller’ enfocado en cannabis y negocios, señala que Colombia posee una posición privilegiada de cara a la exportación de productos de cannabis, pues, además de contar con condiciones climáticas favorables, una ubicación predilecta y una fuerza de trabajo accesible y a la vez capacitada en el campo, el país es portador de la mayor cuota de exportación (determinada por un comité de las Naciones Unidas) para productos de cannabis en el mundo. De igual manera, explica que es también importante entender que, en general, el tipo de producto que se exporta no es cannabis seco en forma de planta o flor. En su lugar, la mayor parte de las exportaciones están conformadas por compuestos farmacéuticos, componentes químicos aislados -como CBD puro- o productos terminados como cremas o aceites.

Una de las cosas más importantes a resaltar del mercado del cannabis, a la hora de pensar en un negocio, es la posibilidad de tener entre dos y tres cosechas, permitiendo tener cantidades, generando empleo y aumentando la posibilidad de tener un producto que sea interesante para las empresas. Internacionalmente, con la reciente ampliación de cupos de exportación y manejo de cannabis, con fines medicinales, de 1,2 toneladas a 14, por parte de la JIFE (Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes), se hace posible que exista más exportación de destilados o ‘full spectrum’, que son los que necesitan la gran mayoría de empresas farmacéuticas y de belleza alrededor del mundo. “El empresario colombiano debe tener varias cosas en cuenta, primero, las certificaciones para que este tipo de producto pueda seguir teniendo una constante exportación que, en cada una de las naciones que podrían estar interesadas, son diferentes, como Inglaterra, Alemania o República Checa”, indica Silvia Muñoz, de Relaciones de Gobierno Latam para el Instituto Internacional de Cannabis y Cannabinoides (ICCI). Muñoz destaca que la calidad existe y que, en la medida en que el gobierno ofrezca mayor apoyo a la industria y se agilicen los procesos, se podrán ver más exportaciones de diferentes empresas y llegar a diferentes partes del mundo. Igualmente, la experta enfatiza que “lo más importante es que todas las empresas tienen que asesorarse y tener claro cuáles son los requerimientos de cada uno de esos países para poder llegar ahí y tener los estándares necesarios dentro de su cultivo, desde la semilla, hasta el producto final, para que Colombia sea reconocido como un exportador de alta calidad, como lo hemos hecho a través de las rosas”. Y es que, de cara a la exportación, Jon Ruiz, CEO de MedCann Pharma, explica que este negocio ofrece, principalmente, dos oportunidades: los aceites B2B (producto semiterminado) y el comercio exterior de genéticas.

La primera, la exportación de aceites, psicoactivos y no psicoactivos, a otras compañías, para su refinación, es un negocio que puede llegar a ser de gran volumen y rentabilidad para Colombia. Es una primera fase para entrar a mercados internacionales y de acuerdo con las necesidades, barreras regulatorias y alianzas comerciales de cada mercado, permite explorar la posibilidad de exportar, progresivamente, productos más cercanos al producto final. Por otra parte, el comercio exterior de genéticas es otra gran oportunidad de negocio, que ha ganado mayor relevancia conforme un mayor número de países se abre al uso del cannabis con propósitos medicinales y científicos. Ruiz destaca que la amplia necesidad de contar con genéticas registradas ante una autoridad nacional, con un origen formal y un contenido de cannabinoides atractivo, como las que se pueden desarrollar en Colombia, confirma el potencial de esta oportunidad. “Lo cierto es que, para los tiempos de crisis que vivimos, este producto tiene un gran potencial de apoyar la economía y de generar negocios, empleo y tributos, y sobre todo, podría convertirse en el gran milagro exportador que tanto ha buscado Colombia”, señala Ruiz. Respecto a los usos medicinales, señala que son múltiples, sin embargo, algunos de los que aportan mayor evidencia son, dolor crónico, especialmente de origen neuropático, cáncer, espasticidad asociada a la esclerosis múltiple, epilepsia y diferentes patologías neurológicas.

Sergio Gómez, director de operaciones Siemcol, manifiesta que hoy, desde una mirada objetiva, el cannabis es el punto de equilibrio entre un modelo productivo rentable y sostenible, que tiene efectos directos en la integración comunitaria y que apunta a la preservación de ecosistemas agrícolas en un país rural. “Como contribución la industria cannábica debe potenciar todas sus capacidades para adquirir un rol preponderante en la recuperación económica post covid-19 y asumir los desafíos”, indica Gómez Y complementa diciendo que el cannabis en Colombia es una industria que reúne los componentes integrales del agro en sus cadenas productivas y de consumo de insumos nacionales, promoviendo al menos 15 empleos directos por hectárea y la rigurosidad normativa de la industria farmacéutica en la transformación de sus componentes activos en derivados. “Debemos construir un pacto ambiental para incentivar la economía agrícola sostenible con transferencia de tecnologías limpias; garantizar una cadena de suministro regional que no sea dependiente de las importaciones para evitar la fractura de estas, en coyunturas como la que estamos viviendo; promover el ‘e-commerce’ para garantizar la oferta de consumo de bienes, servicios y sus canales de distribución”, enfatiza el experto.

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